Rutina nocturna

· un sueño reparador ·


El objetivo prioritario para lograr un descanso adecuado no es cumplir las estadísticas a rajatabla, sino establecer una rutina que conduzca al niño, de forma natural, a dormir por las noches sin problemas.

Generalmente, los bebés duermen cuando se sienten cansados y seguros, condición que les permite relajarse y conciliar el sueño. Es importante establecer un horario para dormir y respetarlo, pues será uno de los factores que definan la rutina nocturna del niño.
“ ... si la sesión de cuentos se eterniza o 
el niño quiere tener todos sus juguetes 
en su cuna 
todo pierde su sentido...”

Otra de las metas que hay que conseguir es enseñarle al niño a diferenciar entre el día y la noche desde las pocas semanas de vida. Para conseguirlo lo idóneo es que, durante el día, haya luz en toda la casa y se mantenga el ruido habitual pese a que el bebé esté durmiendo. Por la noche, la luz tenue, el silencio o los susurros le ayudarán, poco a poco, a comprender que se trata de un tiempo para descansar y dormir.

Un baño de agua tibia, un masaje, un cuento, un osito de peluche,… Los objetos o las acciones rutinarias dan seguridad y calma a los niños. Por una parte, consiguen que el niño sepa que se acerca la hora de irse a dormir. Por otra, algo tan simple como su juguete o su manta pueden ser la clave que le de la tranquilidad que necesita para dormirse o incluso para mantener la tranquilidad si se despierta durante la noche.

Como tantas otras cosas, también en esto se recomienda aplicar el sentido común. Contarle un cuento o dejar que duerma con su muñeco favorito es aceptable y tiene un efecto beneficioso para todos. Ahora bien, si la sesión de cuentos se eterniza o el niño quiere tener todos sus juguetes en su cuna todo pierde su sentido y deja de cumplir su función.

Aunque los padres acompañen al niño en sus rituales, la mayoría de los expertos señalan que hay que  evitar dormirse con él. Es aconsejable intentar salir de la habitación antes de que se duerma para no crearle una dependencia que dificultará, en un futuro, que el pequeño se quede dormido solo. Al principio será difícil y el bebé reaccionará llorando. Ante esta situación, se recomienda esperar unos minutos y, después, entrar en su habitación, tranquilizarlo, indicarle que se duerma y salir de nuevo. Si vuelve a llorar, se repetirá la misma acción y, poco a poco, los padres tardarán un poco más en entrar a la habitación para que el niño se dé cuenta de que, pese a sus protestas, no va a salirse con la suya. La paciencia y la firmeza de los padres son fundamentales para el éxito de esta medida. [] 

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